Tres semanas después de salir de Londres y
después de aguantar caminos atroces, y numerosos percances, llegamos
primeros a Ulaanbaatar el 21 de agosto. En nuestro Citroen 2CV
también éramos los primeros en cruzar la frontera de Mongolia al
oeste de Tsanganuur el 16 agosto, un día o dos antes de que incluso
la petición oficial con la orden de abrir la frontera y dejar pasar
los equipos del rally fuese recibida por los protectores militares
allí. Tres otros equipos, "Panda Power", "Two Men Went To Mowglia" y
"Plane Broke" estaban pisando nuestros talones, otros estaban en Rusia,
los demás equipos estaban aun mas lejos por Kazajstán y varios coches ya
habían caído debido a problemas mecánicos en el qué se describe como
“la aventura más grande del mundo”.
Los percances están lejos de ser inesperados
en este rally, pues las reglas indican que los coches deben ser de
mínimo valor, ya que los que sobrevivían iban a quedarse en el
destino, y tener una capacidad de motor de menos de 1.000 cc. Así
alrededor de cuarenta equipos zarparon el 30 de julio desde Londres
en una colección de coches listos
para el desguace. La motivación detrás de este acontecimiento
inusual es de crear fondos para dos ONG; “Send a Cow” (Envíe una
Vaca), que proporciona animales para las pobres comunidades en
África y “Save the Children”.
Era la oportunidad de contribuir al
bienestar de niños en Mongolia no tan afortunados, así como el
sentido de la aventura, que nos motivo a tomar parte en el desafío
del rally como “Team81”. Como amantes de coches clásicos de
competición ya estábamos acostumbrados desde hace años a las largas
distancias en nuestro flamante MG-B (Rally Monte-Carlo, Marrakech,
Costa a Costa, etc.). No obstante el viaje de Londres a Mongolia fue
mucho más difícil de lo que esperábamos. En
los caminos de Kazajstán pasamos numerosas baches, algunos tan enormes que solo se pueden describir como
"cráteres", los millares de kilómetros a través de desiertos y
estepas sin carreteras, sobre meros caminos y siguiendo los postes
del telégrafo, si estaban la vista. Éstos y otros caminos fueron muy
duros para el 2CV, apodado "Ducky" (Patito) que era de los más
viejos vehículos del rally.
Donado por Fernando Cortes, un amigo y
veterano de rallyes, el coche se entrego sobre la grúa en un pobre
estado, con varias cajas lleno de piezas sueltas. Leonard
procedió a montar y a preparar el coche para el rally, usando
solamente artículos donados o reciclados, asistido por voluntarios y
entusiastas como JC su hijo, Fernando, Luis Palacios (presidente del
club 2CV) y especialistas mecánicos tales como Manuel Gonzáles del
Taller "Planeta" Citroen y Jesús de "Autodisco" para mencionar
algunos,. Ducky paso la ITV a tiempo para la primera gran prueba de
Madrid a Londres, el fin de semana antes de la salida del rally.
Desde Londres el rally nos llevo por Europa occidental, Francia, Bélgica,
Holanda, Alemania, atravesando los sorprendentes países del anterior
bloque comunista lleno de contrastes, la república Checa,
Polonia, Latvia, Lituania, Rusia, Kazajstán y Mongolia. A donde
íbamos en nuestro brillante 2CV amarillo, atrajimos muchas miradas
de admiración, palabras de animación, ofertas de dinero, ropas,
alimento y bebida (vodka) para el viaje, hicimos nuevos amigos y
tuvimos numerosas ofertas para comprar el coche. La gente escribía
mensajes de buena suerte sobre la carrocería el vehículo, hasta los
policías y los funcionarios de aduanas, de costumbre impacientes,
pararon sus oficios para dejar su marca e así simbólicamente tomar
parte en la increíble aventura.
Quedamos sorprendidos de la manera en que la
gente por todas partes nos saludó y, en momentos de crisis,
mecánicas u otro, se acercaban con ofertas de ayuda. Después de
pasar la mejor parte del día reparando el coche en Kazajstán, los
mecánicos se negaron a aceptar cualquier pago y al contrario
insistieron que Team81 se llevaran como regalo un saco de manzanas
para sostenernos a lo largo del viaje. Esto y numerosos otros gestos
y ofertas, ayudo a subir la moral a pesar de la falta de dormir, la
ausencia completa de los más básicas comodidades y el continuo
desafío para mantener el coche andando.
En vista de nuestro vehículo, hicimos un
progreso increíble, sobrevivimos un fuego eléctrico en Polonia,
apuro de motor en Rusia, chasis, el cambio y dirección roto en
Kazajstán, además de ser testigos de una variación de dramas,
defendiéndonos de las almas más oscuras de la humanidad, de las
paradas incesantes de la policía y otras "autoridades", no siempre
con motivos puramente legales. Más allá de Olgii en Mongolia se
rindió el coche cuando la caja de cambios estalló terminalmente.
Ya en Mongolia, después de otra reparación
de emergencia recuperamos la marcha atrás para poder subir a la cima
del monte al revés y después rodar silenciosamente cuesta abajo por
las montañas durante casi cien kilómetros. Armado con mucha
paciencia (Mongolia es un bellísimo país, muy grande pero “vació”)
consiguimos que un camión nos llevara a una población. Allí fue
evidente que el coche ya no iba más lejos así que lo dejamos con un
mecánico local, después de sus mejores esfuerzos para resucitar la
máquina.
No fáciles de disuadir tan cerca de la meta,
continuamos el viaje hacia el este y Ulaanbaatar en un transporte
más convencional pero típico Mongol, una furgoneta rusa UAZ tipo
Jeep, sobrecargado con gente y su equipaje. Teníamos un viaje arduo
de tres días por el Gobi, pero la moral subió alta pues
alternativamente fuimos perseguidos y perseguíamos otros coches del
rally. El Jeep recibió las pegatinas del rally y los conductores y
los pasajeros estaban impacientes por llegar primeros, cantando y
exaltando en cuanto pasara otro equipo. El sin fin de percances
mecánicos del Jeep y otras interrupciones y lo mismo con los otros
equipos significo que fue una final de lo más sudorosa. Fuimos
ciertamente los primeros en llegar a Mongolia y a Ulaanbaatar pero
el rally no es de velocidad, no obstante el ser competitivo era una
manera de mantenernos motivados y también nos ayudo sin duda alguna
la experiencia en conducir rallyes.
El viaje de Londres a Olgii, los dos
alternando al volante cuando era posible, fue un total de 12.360
kilómetros, un promedio de 687 kilómetros por día durante 18 días
bajo circunstancias muy difíciles con dos días parados por
reparaciones. ¡A destacar que los neumáticos Mabor (Continental) del
2CV no sufrieron ningún pinchazo en todo el camino, los 35€ mejor
gastados! En varias ocasiones Leonardo conducía más de 19 Horas
seguidas cuando mover el volante ya era imposible para Elizabeth.
Aunque el coche se retiró antes de U.B. habíamos hecho ya la distancia
adicional en el comienzo, pues tuvimos que conducir 2.000 kilómetros
desde nuestro hogar en Madrid a la línea de salida del rally en Hyde
Park.
Gracias a los patrocinadores y los muchos
que nos apoyaron, entre ellos nuestros 3 hijos, familia y amigos,
Sergio Romagosa, y compañías tales como Liberty Seguros, Garages
Moran, hemos unido 1.000 libras para las ONG y Tg 880.000 para Save
the Children y llegamos a Ulaanbaatar con una bolsa de juguetes y
juegos que habíamos transportado desde Madrid.
Después de un merecido descanso celebramos
la llegada con los otros equipos que lograron entrar en la capital
de Mongolia poco después y gozamos de las comodidades relativas de
la ciudad y sus alrededores. La misma semana obtuvimos un billete
para el Transiberiano a Beijing desde donde, después de algunos días
culturales en comodidad cosmopolita, volvimos a casa a principios de
septiembre, salvos, sanos y satisfechos.
Apreciando agua corriente, caliente y
electricidad continuo en nuestro hogar en Madrid estamos
justificablemente orgullosos del logro, de haber vivido una
verdadera aventura y sabemos que hemos contribuido al bienestar de
comunidades pobres en África y de niños necesitados en Mongolia.
Ahora preparamos un libro y un video de la aventura, lo cual nos
alejará de otras aventuras de momento.